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Parto respetado, lactancia, sueño infantil, educación, disciplina positiva.
Basamos nuestra filosofía en el "attachment parenting" o crianza con apego.
| Cómo se desarrolla el niño a través del juego |
| Sábado 20 de Octubre de 2007 17:49 | |||||
Página 1 de 2 Ya en los últimos años hemos visto soplar sobre las estructuras caducas un viento fresco que trae nuevas e inesperadas libertades al mundo.
En los EE.UU. se siente en cada rincón el clamor de "más libertad" para la educación. Incluso en el silencioso mundo de la educación preescolar se siente el aire de cambio. Los niños sanos quieren jugar a todas horas y aprenden muchísimo del juego. Sin embargo, en los años setenta y ochenta, prestigiosos educadores se convencieron de que el juego era una pérdida de tiempo. Los niños debían aprender a leer y hacerlo lo más pronto posible. No había tiempo para jugar. El juego domina la vida de mis pequeños. Un niño sano quiere jugar desde la mañana hasta la noche. Su juego emana desde lo más profundo de su ser y le permite mantener de forma fluida su fuerza vital, que es tan necesaria para el crecimiento exuberante que está desarrollando. Si un niño pierde el interés por jugar es casi siempre una señal indicativa de que está enfermo. No permitir jugar a los niños es como ponerlos en un estado enfermizo. Justamente esto es lo que ha estado sucediendo en las dos últimas décadas a los preescolares estatales de Estados Unidos y Canadá. Cuando visité programes de "Head Start" (para niños marginados) y hogares de infancia durante estos años, me harté de ver salas llenas de materiales didácticos y ordenadores, pero ni un sólo juguete. En un intento frenético por preparar a los niños para leer lo más pronto posible, se había exterminado el espíritu propio de la infancia. Hoy en día, muchos educadores se han dado cuenta de que este método ha sido un desastre para los niños. El trabajo académico concentrado en los primeros años produce niños que a los nueve o diez años ya están hartos de la escuela. No quieren saber nada de los libros, ni de sus maestros, y no muestran ningún tipo de interés en aprender. Como estudiantes de primaria, muchos ni siquiera son capaces de pensar. Pueden responder preguntas de verdadero o falso, o responder preguntas de opción múltiple, pero no pueden formular respuestas a preguntas descriptivas. Como se dijo en una primera plana del diario "USA Today" (13-9-89): "Embutir de conocimientos a los niños de Parvulario traerá como consecuencia que los niños acaben hartos de la escuela cuando lleguen a primaria." En los años noventa, el juego se está redescubriendo de nuevo, al menos un poquito. Algunos educadores están trabajando sobre nuevos métodos en la educación preescolar y algunos de estos métodos han devuelto el juego al Parvulario. A pesar de ello, la mayoría de los educadores siguen convencidos de que han de aleccionar a los niños, si es que tienen que aprender algo. Todavía no se han dado cuenta de que el aprendizaje consciente en los años preescolares interfiere con el estado de ensueño que se necesita para jugar. El nuevo método que se está desarrollando en la educación preescolar es enseñar jugando y no a través de fichas y de libros didácticos como se hacía antes. Sin embargo, todavía hay que hacer énfasis en la enseñanza, porque la mayoría de los educadores modernos aún no han observado que los niños aprenden con el juego creativo que ellos mismos llevan a cabo. Es sorprendente la poca investigación que se ha hecho en los EE.UU. comparando a niños que aprenden a través de métodos académicos con los que aprenden a través del juego. Un estudio hecho en Alemania comparó a 1000 niños que habían jugado en el Parvulario con el mismo número de niños que habían trabajado materias académicas. En cuarto de Primaria, los que habían jugado estaban significativamente más desarrollados que los que habían estudiado académicamente. Los aventajaban en desarrollo físico, socio-emocional e intelectual. El resultado fue tan contundente, que los alemanes que habían defendido la tesis de preescolares académicos volvieron a las que enfatizaban la importancia del juego. (Der Spiegel, nº 20, 1977, pp. 89-90). Fuera de los círculos Waldorf, casi nunca se oye decir que el niño aprenda pro imitación. Una amiga mía una vez me dijo que había criado a sus primeros tres hijos sin haber oído nunca hablar de la imitación como manera de aprender. Incluso siendo maestra de Educación Preescolar y habiendo enseñado a niños pequeños, jamás había observado que los niños imitasen. Ella siempre había pensado que un niño sólo puede aprender algo si alguien le "enseña". Cuando nació su cuarto hijo, ya se había encontrado con la educación Waldorf y la idea de la imitación. Era como si una venda le hubiera caído de los ojos. Se sorprendía de todo lo que su hijo aprendía a través de la imitación. Descubrió que no había que "enseñarle" nada a su hijo. Sólo había que ser una madre activa y cariñosa, y dejar que la imitación del ejemplo hiciera el resto.
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