





Criar y amar, el portal de la crianza con respeto.
Parto respetado, lactancia, sueño infantil, educación, disciplina positiva.
Basamos nuestra filosofía en el "attachment parenting" o crianza con apego.
| Consideraciones sobre la educación infantil |
| Domingo 29 de Octubre de 2006 19:25 | ||||||
Página 1 de 3 La palabra “educación” me despierta un cierto desasosiego. Será debido al tipo de educación que recibí o a la que habitualmente observo se aplica actualmente tanto a nivel familiar, como escolar o social.
El diccionario de la lengua española define “educar”, en primer lugar, como: “Dirigir, encaminar, adoctrinar”. ¡Qué miedo! teniendo en cuenta que a su vez “dirigir” se define como: “Enderezar, llevar rectamente algo hacia un término o lugar señalado”, que “encaminar” se define como: “Enseñar a alguien por donde ha de ir, ponerle en camino”, y que “adoctrinar” se define como: “Instruir a alguien en el conocimiento o enseñanzas de una doctrina, inculcarle determinadas ideas o creencias”. Todas estas definiciones me huelen a colegio religioso, a educadores implacables, a padres severos, a educación basada en el ordeno y mando, a sociedades controladoras del individuo. Huelen a falta de respeto y de libertad. Todo agricultor conoce lo referente al cuidado de la semilla de la que quiere obtener su fruto. No espera que de una semilla de limonero salga un árbol que le de manzanas. No trata de la misma manera una semilla, que un brote o que un pequeño arbolito. Sabe del tiempo necesario para el crecimiento del árbol hasta producir sus frutos. Lo único que hace es acompañar su crecimiento, cuidándolo, protegiéndolo. Con toda la paciencia y cariño del mundo. No hay más, entonces, que esperar que la naturaleza siga su curso. Sobre los cuidados de la semilla humana se han planteado métodos, marcado directrices, de todo tipo y color. Se han escrito manuales y libros hasta la saciedad, de los que la mayoría para poco han servido. Sólo hay que contemplar el camino del ser humano a lo largo de su historia. Todo bastante inútil porque se han escrito por adultos y para adultos, sin tener en cuenta que los bebés y niños no son adultos en miniatura sino más bien al revés: los adultos son bebés y niños que han crecido. Los objetivos planteados para la educación han sido generalmente encaminados a hacer de los niños unos hombres y mujeres “de bien”, claro está, según lo que cada cultura, cada sociedad, cada madre o padre interpretan lo que significa “de bien”. Y digo yo ¿no sería más natural intentar que los bebés y niños se conviertan en hombres y mujeres felices, y además habiendo sido a su vez bebés y niños felices? Desde la concepción hasta los, más o menos, dos años después del nacimiento, la percepción podríamos calificarla de “altamente” emocional y es, a partir de esa edad –época preverbal- donde el niño empieza (¡Ojo! EMPIEZA) el desarrollo de sus capacidades de percepción racional. Es evidente que no es lo mismo hablar de un bebé de tres meses, que de un año, que de dos, de tres, de cuatro, etc. La diferencia está precisamente en la evolución de sus capacidades perceptivas y de sus experiencias vitales (aprendizaje).
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