





Criar y amar, el portal de la crianza con respeto.
Parto respetado, lactancia, sueño infantil, educación, disciplina positiva.
Basamos nuestra filosofía en el "attachment parenting" o crianza con apego.
| Hombres, ¿meros acompañantes en la gestación y nacimiento de los hijos? |
| Jueves 04 de Enero de 2007 21:12 | |||||
Página 1 de 2 Tengo dos hijos, Lidia y David, actualmente con 22 y 18 años de edad respectivamente (¡Cómo pasa el tiempo!). Cuando mi mujer quedó embarazada de Lidia intenté informarme de todo lo relativo a la gestación, nacimiento y primera infancia.
Devoré revistas, libros y todo lo que cayera en mis manos sobre el tema. Quería vivir una paternidad consciente, “hacerlo bien”. Todo lo que leía describía con todo detalle los cambios fisiológicos de la madre y del bebé en su desarrollo intrauterino; el proceso del nacimiento con las diferentes técnicas con las que solventar posibles problemas; los primeros cuidados. Pero yo sentía la necesidad de ser partícipe en este proceso, no un mero espectador. El contacto afectivo con mi mujer, cuidarla y mimarla, estar atento a sus necesidades y estados de ánimo, era una forma de sentirme implicado en su embarazo. Pero ¿y el bebé?. Por pura intuición o instinto o misteriosa necesidad, cada día colocaba mis manos en su vientre y hablaba con mi hija, la acariciaba, la besaba. Esa cercanía, ese contacto con mi hija y años después con mi hijo, mantenido durante la infancia, nos ha dado el mejor de los frutos: un vínculo afectivo que nos permite crecer juntos, comunicarnos, transmitirnos afecto y cariño, en una palabra: amarnos. Me viene a la mente un amigo mío, muy bien considerado en la empresa donde trabaja debido a los grandes resultados productivos que obtenía año tras año. Ello gracias a que su jornada laboral no tenía fin, incluyendo algunos sábados. Un día le pregunté porqué dedicaba tanto tiempo al trabajo, alargando la jornada laboral cada día hasta la noche. Me dijo que de esta forma, cuando llegaba a casa, sus dos hijos (por entonces de 8 y 4 años de edad) ya estaban bañados, cenados, con el pijama puesto y listos para ir a dormir. Mi amigo me produjo una honda tristeza. Estaba desperdiciando una de las experiencias más maravillosas y gratificantes del ser humano: ser padres. No pudo disfrutar de bañar a sus hijos, cambiarlos, darles de comer, jugar con ellos, leerles un cuento. Pero lo que es peor por sus consecuencias futuras para sus hijos, no creó un vínculo afectivo con ellos, no les enseñó, ni aprendió de ellos, no fue capaz de ser PADRE. Porque ser padre no es dejar embarazada a una mujer, aportar el dinero necesario para su manutención, delegar en ella todas las funciones afectivas y de cuidado y acabar siendo una figura autoritaria, dura, alejada de todo sentimiento o contacto afectivo. Claro, los niños crecen y llega la adolescencia, entonces surgen las quejas por parte del padre: ¡No nos entendemos, no me hace caso, no me cuenta nada, va a su rollo, no quiere salir conmigo, es un rebelde, no sé qué hacer con él,.........! ¿Y qué se podía esperar?.
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