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| Lactancia materna prolongada |
| Miércoles 30 de Agosto de 2006 17:55 | |||||
Página 1 de 2 Lactancia materna prolongada: ¿tiene inconvenientes? Éste es un artículo muy documentado y sustentado en la lógica y la ciencia. Si aún crees que un niño está demasiado mayor para ser amamantado, leer este artículo te puede sorprender. Recomendado para profesionales y mamás que deseen profundizar sobre los diferentes aspectos de la lactancia Los patrones de duración de la lactancia materna han sido marcados por factores históricos, culturales, científicos, médicos y personales [1]. Las civilizaciones occidental y oriental tuvieron lactancia materna prolongada. Dos médicos romanos, Sorano y Galeno, establecieron los patrones de alimentación de lactantes hasta el siglo XVIII. El primero recomendaba que los lactantes deberían amamantarse hasta que hubiera brotado su dentición completa, mientras que Galeno señalaba los tres años de edad. Las civilizaciones antiguas valoraron altamente la lactancia materna, como queda demostrado en la representación artística [1]. Diversos factores posteriores condujeron al destete precoz. En la actualidad, muchos consideran que seis meses constituyen una lactancia “prolongada” y algunos cuestionan los motivos de las mujeres que amamantan a sus hijos más de un año. La OMS y UNICEF recomiendan dos años de lactancia materna, mientras que la AAP señala al menos un año [2]. El tiempo óptimo de duración de la lactancia materna exclusiva es un punto importante de salud pública. La OMS [3] apoyándose en la evidencia científica actual recomienda la lactancia materna exclusiva por 6 meses, seguida por la introducción de alimentos complementarios y la continuación de la lactancia materna. Esta recomendación es aplicable a todas las poblaciones, no sólo en los países pobres. Sin embargo, no existe consenso acerca del momento del destete, ni evidencias científicas que muestren que a partir de cierto momento existen inconvenientes debidos a la lactancia prolongada. No hay duda de que la lactancia materna exclusiva constituye la alimentación ideal, suficiente para mantener un crecimiento y un desarrollo óptimos durante los 6 primeros meses de vida, aproximadamente. Sólo en algunos casos especiales puede ser necesario aportar vitamina D y hierro antes de los 6 meses de edad, aunque no de forma sistemática [3]. La introducción gradual de alimentos sólidos enriquecidos con hierro debe complementar la alimentación al pecho durante el segundo semestre de vida. Aun cuando el niño ya es capaz de recibir otro tipo de alimentos, la leche materna seguirá siendo su fuente primordial de nutrición durante los primeros 12 meses. Se convierte en complemento de los alimentos al segundo año de vida. Las razones más comunes para indicar el destete son la aparición de los dientes, el nacimiento de un hermano, la reincorporación de la madre a la actividad laboral, la adquisición del lenguaje, el comienzo de la motilidad independiente del niño o el inicio de la escolaridad. Uno de los principales problemas a la hora de conocer los efectos de la lactancia materna prolongada, es la variedad de definiciones sobre lactancia materna. Además, es difícil invocar un efecto puro de la lactancia materna prolongada pues varía la cantidad de leche materna que reciben y existen otras muchas variables de confusión, principalmente el entorno y las características de las madres que amamantan un mayor periodo. Por otro lado, aunque las tasas de lactancia materna han aumentado ligeramente en la última década, especialmente en el inicio de la misma, aún la prevalencia de lactancia materna exclusiva está lejos de las recomendaciones (menor del 20% los 6 meses) incluso en grupos de intervención donde se realiza una política activa de promoción y apoyo de la lactancia [4, 5]. Estudios realizados en nuestro medio ponen de manifiesto que estamos aún muy lejos de lo deseable [6, 7] de ahí nuestra responsabilidad teniendo en consideración la evidencia de la efectividad de las prácticas de promoción y apoyo de la lactancia, para aumentar la intensidad y duración de la misma [8,9]. Hay evidencia científica de disminución de la incidencia y gravedad de gran número de enfermedades agudas y crónicas de los niños amamantados, pero la mayoría de los estudios epidemiológicos que demuestran las ventajas de la lactancia materna tanto para los lactantes, las madres, las familias y la sociedad en general, se basan en comparaciones entre lactancia materna exclusiva por 4 ó 6 meses o incluso menor duración y la artificial. Dichas ventajas hacen referencia al estado de salud, crecimiento y desarrollo nutricional, inmunológico, psicológico, social, económico y ambiental. La composición de la leche materna cambia de acuerdo con las necesidades del niño conforme éste madura. Además, teniendo en cuenta que el sistema inmunológico tarda entre dos y seis años en madurar, la leche materna continúa complementando y ayudando al sistema inmune mientras el niño la siga tomando [10]. Por ello, es posible que el hecho del destete precoz, especialmente en los países occidentales, esté privando a los lactantes del efecto protector que supondría una lactancia materna prolongada. A continuación analizaremos algunos de los datos disponibles tanto en relación con la salud infantil como de sus madres. En países en desarrollo, la ventaja potencial más importante de la lactancia materna prolongada está relacionada con la morbilidad y mortalidad de enfermedades infecciosas, especialmente las gastrointestinales. Estudios en Kenia muestran que la lactancia materna prolongada resulta positiva para el crecimiento lineal, especialmente en lugares con mal medio sanitario e inadecuado suministro de agua. Un análisis multivariante, en un periodo de seguimiento de 6 meses de 264 niños, muestra que a mayor duración de la lactancia, mayor ganancia en longitud y en peso [11]. Estudios de seguimiento a largo plazo muestran que la lactancia materna prolongada podría contribuir a reducir la prevalencia de enfermedades cardiovasculares en la edad adulta y otras relacionadas con la obesidad, un grave problema de salud especialmente en el mundo occidental. Así, Wilson y cols [12] encuentran que la introducción temprana de alimentos sólidos (antes de las 15 semanas) se asocia con incremento de la grasa corporal y del peso en la infancia. Además, la alimentación con fórmula se asocia con incremento de la tensión arterial sistólica en la infancia (94,2 vs 90,7 mm Hg en los alimentados al pecho en exclusiva). La lactancia materna prolongada puede disminuir la prevalencia de obesidad en la infancia [13,14]. El riesgo de obesidad en niños de 5 y 6 años de edad se reduce en un 35% si recibieron pecho de 3 a 5 meses. La lactancia materna es un factor protector frente a la obesidad (OR 0,75, CI 95% 0,57-0,98) y el sobrepeso (OR 0,79; CI 95% 0,68-0,93), una vez eliminados otros factores de confusión. Asimismo se ha visto que la ingesta de leche de mujer en niños prematuros se asocia de forma significativa a menor concentración de leptina en relación con la masa grasa en adolescentes de 13 a 16 años, independiente de otros factores de confusión [15]. Esto sugiere que las concentraciones de leptina podrían ser programadas por la dieta en edades tempranas de la vida y relacionaría la dieta de la infancia con el riesgo de obesidad en el adulto.
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